Por Javier Marulanda
LOS ERRORES DE ORTOGRAFIA
Javier Marulanda
Dice Hemingway que “Escribir bien es intolerablemente difícil” y si esto lo afirma el afamado escritor, hay que creerle. Gabriel García Márquez, el prestigioso Nobel de Literatura, se identifica con las palabras del autor “Del Viejo y el Mar” y sostiene en su artículo “La botella al mar del dios de las palabras”, que se deben simplificar las reglas ortográficas del idioma Español, mas no suprimirlas.
“Gabo”, aplaudido en todo el mundo por su obra cumbre “Cien años de soledad”, cometió la irreverencia de ordenar la publicación de su obra ignorando que allí existían 136 errores de ortografía que pasaron inadvertidos para sus correctores de estilo.
Alrededor de este tema, el escritor no oculta su pésima ortografía y se despoja de toda vanidad para confesar que si le hicieran un examen de gramática le reprobarían el mismo y “mamando gallo”, como buen costeño, se da el lujo de expresar a sus amigos más cercanos: “Escribo muy mal, pero me leen millones de personas en el mundo y me entienden muy bien”.
Borges, un perfeccionista del idioma Español, el hombre que mejor trata a las palabras en el mundo, cometió doce errores de ortografía en una de sus obras y por este hecho se ordenó retirar la obra de todas las estanterías y vitrinas del Brasil.
Todo esto forma parte de los gajes del oficio y hay que seguir adelante, porque el deber de quien escribe es abrir los caminos de la historia y que cada lector se de a la tarea de hacer las correcciones necesarias.
Recuerdo que en el pontificado de Pío XII, el jerarca escribió alguna vez Baticano con (b) larga y por ese lapsus, creo yo, no fue condenado a las llamas del infierno y si se chamuscó fue por su mal genio y no por cometer errores ortográficos.
En Sevilla, Valle, Don Antonio Carmona, a quien la gente llamaba cariñosamente “Toño narices”, le entregó a uno de sus trabajadores en el Café Vesubio una boleta dirigida al mayordomo de una de sus fincas, ordenándole:
-Don Ruperto: favor entregar la baca blanca de rayas negras al portador de la presente.
Uno de los contertulios de la mesa, al ver el error de don Antonio, le dijo:
-Don Antonio, vaca se escribe con v corta.
Don Antonio, sonrió socarronamente y le dijo:
-Mande vusted la boleta, escribiendo vaca con v corta, haber si el mayordomo se la entrega.
Lo curioso es que el mundo sigue andando con buena o con mala ortografía y la gente sigue ganándose la vida arreglando sapatos, arquilando labadoras, bendiendo uebos, curando el mal de hojo, o bendiendo leche de baca. En Cali, un creativo hombre de negocios, puso en la puerta de su almacén un aviso donde se leía: se asen yabes, lo escribimos mal, pero las hacemos muy bien.
En “LA GALLERA”, pasquín donde se dicen muchas cosas sin faltarle al respeto a nadie, usted va a encontrar errores de ortografía, unos son intencionales y tienen un mensaje para descifrar, otros se cometen de manera involuntaria y esto tiene que suceder porque quien escribe es un viejo cegatón que poco a poco está perdiendo sus reflejos.