Overblog Todos los blogs Blogs principales Economía, Finanzas y Legal
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

TODOS LOS TEMAS Noticias nacionales, Internacionales, regionales, articulos especializados,opinion

Publicidad

Diatriba contra los émulos


 

Yo me llamo”… copia

  Libaniel Marulanda

 

Caracol Televisión ha puesto en escena por estos días un programa con un formato similar a los trillados concursos en busca de talentos. La reacción de la teleaudiencia ha sido la esperada y, al igual que en los realities, telenovelas y otras yerbas, el fin es el mismo: subir el rating y las ganancias  al precio que sea. Lo demás no importa, de la misma manera como no importan los contenidos de la programación, siempre y cuando se logre impactar la galería. No importa que con el señuelo de la fama,  que  puede  alcanzarse  a través de la televisión, muchos colombianos que podrían ser magníficos cantantes  sacrifiquen su talento y originalidad, vendiéndole el alma al diablo. Encima de todo, el programa está montado sobre la emulación al milímetro de tales o cuales figuras  reconocidas de la canción. De ahí su nombre: “Yo me llamo”.

Pese al despliegue, la parafernalia,  los montajes de espectáculos, la promoción comercial y demás triquiñuelas, la imitación no perderá su  mísera categoría plagiaria;  el artista que copia siempre será secundario y lo suyo un relleno más. Aparte de la voracidad comercial que anima cada realización de los canales privados, no se entiende qué beneficio puede aportarle al  arte de un país la conformación de un ejército de imitadores, falsificadores, a quienes se les llama, con un piadoso eufemismo, émulos.  

Es normal y deseable que todo artista tenga un modelo ante el cual comience a desarrollar su talento y creatividad. Un modelo es igual a una guía  y el artista puede seguir la senda que otros grandes creadores han  construido. Hasta aquí todo va bien. Pero alcanzado el grado mínimo de expresión e identidad, los moldes deben romperse para darle vida al verdadero artista. La función del arte ha estado cimentada por la transgresión, jamás por el remedo.

Es  corriente  que en el ejercicio del arte, y como resultado de la exploración,  el  artista se matricule en esta o aquella escuela, al amparo de una u otra concepción  estética. La historia es generosa en  ejemplos.

Pero la personalidad  como artista siempre estará a kilómetros  del  imitador. En el canto ha sido frecuente que el timbre y las particularidades de una voz se parezcan a otra. Sin embargo, sólo  aquellos que no han renunciado a su nombre y presencia física logran llegar a la cúspide.

En la música y el género del canto, tan ligado a nuestra cotidianidad, se pueden citar sin esfuerzo  muchos casos  de coincidencias no buscadas. Si quiere corroborarlo, oiga cantar a dos boleristas  afamados: Tito Rodríguez y Vitín Avilés. ¿Quién imita a quién?  Ninguno,  y además se dieron el gusto de compartir un disco de larga duración (grabado en 1954) y crear confusión en los oídos de sus  fanáticos.

Quiere más ejemplos: ponga a sonar las voces de Olimpo Cárdenas, Lucho Bowen y Julio Jaramillo. Tendrá que admitir que uno puede pasar por otro.  Pero, eso sí, ninguno se atribuyó la paternidad del estilo de   interpretación vocal. Además de su similitud vocal, los tres eran compadres, colombianizados, de orígenes guayaquileños  y recorrieron las mismas rutas y escenarios. Muertos dos de los compadres, al preguntarle a Bowen (ya muerto también)  quién imitaba a quién, dijo: “Así cantábamos todos en Guayaquil”. Su respuesta me dio la clave para entender porque se nos dificulta identificar a muchos cantantes de similar procedencia geográfica, como vallenatos y llaneros.

Al programa de Caracol “Yo me llamo” han acudido varios cantantes imitadores con una calidad vocal y de expresión que sorprenden al más exigente. La capacidad de copiar  también denota  persistencia, capacidad y solvencia vocal,  pero, repito, la copia siempre será la copia y nada más.

Duele por eso observar cómo en el discutible programa de Caracol  T.V. han concursado y han sido escogidos los dobles de célebres  personajes de la canción como Rubén Blades  o Plácido Domingo. En ambos casos se trata de jóvenes con voces de calidad excepcional y que en  otras circunstancias, menos mercantilistas y más humanas,   deberían  brillar por sí mismos, por lo que saben y hacen, sin tener que renunciar a su personalidad  para acceder a una efímera fama.

Pero hay más: cientos de personas de todos los rincones de Colombia acudieron al llamado de Caracol, con el ánimo de calcar  a varios cantantes del  abominable género del  despecho, cuya característica es precisamente  cantar de la peor manera. 

Y de esa suerte de exaltación de la fealdad y el patetismo no se escapan muchos municipios colombianos (Pijao, por ejemplo), que suelen proletarizar aún más sus semanas culturales con concursos de  émulos, con cargo a los famélicos presupuestos para la cultura.

 

 

Calarcá, septiembre 4 de 2011

Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post