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NABOR, EL ANTICUARIO. (EN MEMORIA)
Por Javier Maulanda.
Sevilla Valle.
Nabor Vásquez fue un buen samaritano, la caridad fue su mayor virtud y todos los días extendía su mano para levantar al caído. Este buen hombre si podía decir: “Tengo las manos vacías sin tanto dar sin tener, pero las manos son mías”, texto que pertenece al Cante Jondo Andaluz. El personaje fue además un hombre de fe, de misa y comunión diaria y fiel a todos los preceptos cristianos, pero un día abdico de la iglesia de Roma y se fue a ejercer su ministerio a otra iglesia.
Durante muchos años se dedico al comercio y fue propietario de un negocio conocido como la Economía, sitio donde se vendía todo tipo de granos. En la administración de este negocio, se empezó a interesar por las reliquias del pasado y en las estanterías se veían piezas de la cultura Quimbaya, Pijao, Páez, Tayrona y tikuna. Durante algún tiempo se intereso por la guaquería y con los baquianos de estas lides hizo túneles, zanjas, huecos en todo el entorno comarcano, tratando de encontrar el tesoro del rey “Palomino”, especialmente en las zonas de la vereda “Palomino” y “el Venado.
Su negocio muy pronto se lleno de objetos antiguos de orfebrería, Dioses e ídolos de barro, radios, lámparas, santos, estatuas de milagrería, escaparates y otra serie de baratijas más.
Alguien le prestó algún día, la vida y obra de Carlos IV de Bohemia y quiso seguir su ejemplo, porque este personaje era dado en coleccionar las cosas más insólitas y tenía en su haber una espina de la corona de Jesús, el mantel de la ultima cena, la vara de Moisés, vestidos de la virgen , maná encontrado en el desierto, el anillo de compromiso de San José y aquí no me estoy inventando nada, este es un testimonio que cualquiera puede encontrar en la obra “La estrategia de la ilusión”, de Umberto Eco.
El presupuesto de Nabor, no alcanzaba para igualar los proyectos de Carlos IV, pero para no ser inferior al compromiso, con humildad empezó a adquirir el primer Cáliz en la que tomo la sangre de Jesús el sacerdote Lisímaco Lareu, primer párroco de la población, se consiguió un colmillo de don Heraclio Uribe Uribe, el patricio fundador, la barbera con la que afeitaba Mariano, el antiguo peluquero, compró las llantas del camión de Toribio, uno de los vehículos más antiguos que rodó por la ciudad, un moño de Juana, “la loca”, orate de los años sesenta, el pito del loquito Rafael, el que decía ser heredero de todos los tesoros del rey Salomón, la “mica” donde orinaba el padre Buenaventura y mil cachivaches mas.
En un mal momento de la historia, un matón, de los que en Colombia son cosecha, acabó con la vida de este gran soñador, muerte que encontró en un paraje cercano a “Tres esquinas”. Nabor les había tendido la mano a muchos hijos de esta mal herida patria y uno de ellos acabó con su vida. El personaje fue solidario con los pobres y uno perteneciente a este status lo mató y ahora si comprendo porque Fernando Vallejo, el escritor colombiano detesta esta raza, que se ha empeñado en acabar con los hombres y mujeres que más le sirven.
Cuentan que en el sitio donde Nabor murió, se ve todas las noches una luz, una especie de vela encendida y algunos dicen que esta aparición anuncia una guaca, o un entierro. Esta es la creencia popular que ha pasado de generación en generación en generación y es posible que allí este el tesoro del rey “Palomino”, que quiere ver la luz del sol cuando su principal soñador ya no lo .necesita